ERISTYX

HASTA QUE DEJE DE SER DIVERTIDO

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«Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, para preocuparle; enseñale sólo uno. O, mejor aún, no le des ninguno. Haz que olvide que existe una cosa llamada guerra. Si el Gobierno es poco eficiente, excesivamente intelectual o aficionado a aumentar los impuestos, mejor es que sea todo eso que no que la gente se preocupe por ello. Tranquilidad, Montag. Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado o cuánto maiz produjo Iowa el año pasado. Atibórralo de datos no combustibles, lánzales encima tantos “hechos” que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendran la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía. Cualquier hombre que pueda desmontar un mural de televisión y volver a armarlo luego, y, en la actualidad, la mayoría de los hombres pueden hacerlo, es más feliz que cualquier otro que trate de medir, calibrar y sopesar el Universo, que no puede ser medido ni sopesado sin que un hombre se sienta bestial y solitario. Lo sé, lo he intentado» Ray BradburyFahrenheit 451

«Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, para preocuparle; enseñale sólo uno. O, mejor aún, no le des ninguno. Haz que olvide que existe una cosa llamada guerra. Si el Gobierno es poco eficiente, excesivamente intelectual o aficionado a aumentar los impuestos, mejor es que sea todo eso que no que la gente se preocupe por ello. Tranquilidad, Montag. Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado o cuánto maiz produjo Iowa el año pasado. Atibórralo de datos no combustibles, lánzales encima tantos “hechos” que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendran la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des ninguna materia delicada como Filosofía o Sociología para que empiecen a atar cabos. Por ese camino se encuentra la melancolía. Cualquier hombre que pueda desmontar un mural de televisión y volver a armarlo luego, y, en la actualidad, la mayoría de los hombres pueden hacerlo, es más feliz que cualquier otro que trate de medir, calibrar y sopesar el Universo, que no puede ser medido ni sopesado sin que un hombre se sienta bestial y solitario. Lo sé, lo he intentado» 

Ray Bradbury
Fahrenheit 451

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Casi tres décadas esperando en el corredor, frente al salón. Fueron dejadas por aquella niña con sumo cariño, perfectamente alineadas, con la certeza de que minutos después volvería a ponérselas para ir a jugar al parque. La evacuación apresurada las sumió en el olvido, hasta que años después una pequeña araña se tropezó con ellas y las cubrió con su tela. El polvo sigue acumulándose en todas partes salvo en esa porción de suelo cubierta por las sandalias, que de algún modo salvaguardan el recuerdo de aquel día en el que el dosímetro no advertía de la radiación incompatible con la vida. Ya no quedan arañas. Nunca nadie ha vuelto a jugar en el parque de Prípiat. 

Casi tres décadas esperando en el corredor, frente al salón. Fueron dejadas por aquella niña con sumo cariño, perfectamente alineadas, con la certeza de que minutos después volvería a ponérselas para ir a jugar al parque. La evacuación apresurada las sumió en el olvido, hasta que años después una pequeña araña se tropezó con ellas y las cubrió con su tela. El polvo sigue acumulándose en todas partes salvo en esa porción de suelo cubierta por las sandalias, que de algún modo salvaguardan el recuerdo de aquel día en el que el dosímetro no advertía de la radiación incompatible con la vida. Ya no quedan arañas. Nunca nadie ha vuelto a jugar en el parque de Prípiat. 

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Solo a veces, solo contemplo, confundido desde que quitaron el acento, a la luz cuando despierta y se concentra en empujar la puerta, en un vano intento de suprimir el sufrimiento de los que no pueden escapar, y se lamentan porque todo cambia y todo sigue igual, en esta sala de espera en la que aguardamos a nuestro funeral, pues nosotros tropezamos y los años nos adelantan sin dudar, y mientras tanto nadamos en un charco de aceite, un sueño amargo de verano ve secarse su simiente y se duerme el pensamiento, fatigado el intelecto de un anciano, marchitado el inocente sentimiento atrapado en el espejo, una vez más muy lejos de aquel perchero en el que nada colgaba, salvo el olvido del abrigo que acompañó a los deseos, paseos y recuerdos en una tarde de invierno, solo veo solo apagarse el sol y fundirlo todo en un letargo eterno.

Solo a veces, solo contemplo, confundido desde que quitaron el acento, a la luz cuando despierta y se concentra en empujar la puerta, en un vano intento de suprimir el sufrimiento de los que no pueden escapar, y se lamentan porque todo cambia y todo sigue igual, en esta sala de espera en la que aguardamos a nuestro funeral, pues nosotros tropezamos y los años nos adelantan sin dudar, y mientras tanto nadamos en un charco de aceite, un sueño amargo de verano ve secarse su simiente y se duerme el pensamiento, fatigado el intelecto de un anciano, marchitado el inocente sentimiento atrapado en el espejo, una vez más muy lejos de aquel perchero en el que nada colgaba, salvo el olvido del abrigo que acompañó a los deseos, paseos y recuerdos en una tarde de invierno, solo veo solo apagarse el sol y fundirlo todo en un letargo eterno.

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Bailas por dentro cuando suena la músicabailas por fuera cuando grita el silenciocreas susurros que evocan la místicacreas palabras que asesinan al tiempoY te vasjuventud.

Bailas por dentro cuando suena la música
bailas por fuera cuando grita el silencio
creas susurros que evocan la mística
creas palabras que asesinan al tiempo

Y te vas
juventud.

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—Cada vez que veo pasar un avión sueño que estoy en él.—¿Te daría igual a donde se dirigiera?—Sí.—¿Y qué harías cuando llegaras al lugar de destino?—Mirar al cielo en busca de otro avión.

—Cada vez que veo pasar un avión sueño que estoy en él.
—¿Te daría igual a donde se dirigiera?
—Sí.
—¿Y qué harías cuando llegaras al lugar de destino?
—Mirar al cielo en busca de otro avión.

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No es más que el viento agitando los recuerdostoda esta lluvia esperando a evaporarse en el suelopulverizo la grava que agrava la carga y no piensosé que el murmullo de las ramas es mi único alientohuellas de tinta en la carta abandonada a mi suerteun arcoiris quebrado junto a cuchillas y sucias lenteslentamente paso junto a los que esperan pacientesbusco el rumor pues quien susurra rara vez mientequeda una cama fría y una estantería vacía de almaya todo está en calma en la casa infestada de ratasal fin no gotea la sangre ni saltan más las alarmasnada pasa pues nadie recuerda al que nunca hace falta.

No es más que el viento agitando los recuerdos
toda esta lluvia esperando a evaporarse en el suelo
pulverizo la grava que agrava la carga y no pienso
sé que el murmullo de las ramas es mi único aliento

huellas de tinta en la carta abandonada a mi suerte
un arcoiris quebrado junto a cuchillas y sucias lentes
lentamente paso junto a los que esperan pacientes
busco el rumor pues quien susurra rara vez miente

queda una cama fría y una estantería vacía de alma
ya todo está en calma en la casa infestada de ratas
al fin no gotea la sangre ni saltan más las alarmas
nada pasa pues nadie recuerda al que nunca hace falta.

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Madrid es una de esas ciudades en las que la noche nunca es oscura. El silencio vibra al compás de los generadores y un murmullo respira siempre con furia. Los ángeles de bronce custodian las manos mordidas por los perros de los opresores. La sangre se filtra por el sumidero y las escobas repintan el lienzo del nuevo día. Los kamikazes silban en la M-30 mientras un cantautor suicida recita sus últimos versos frente a una audiencia vacía. Grande e inabarcable como para que su verdadera esencia escape a los sentidos de los ignorantes de los detalles. Porque sus luces son también las de tu mirada, los créditos de una película que no puedes asumir que ya se acaba. Así que cuando bajes del cielo detente un momento frente al centelleo de esa lámpara. Mira dentro, ahonda en su alma y sonríe, porque esta noche brilla por ti.

Madrid es una de esas ciudades en las que la noche nunca es oscura. El silencio vibra al compás de los generadores y un murmullo respira siempre con furia. Los ángeles de bronce custodian las manos mordidas por los perros de los opresores. La sangre se filtra por el sumidero y las escobas repintan el lienzo del nuevo día. Los kamikazes silban en la M-30 mientras un cantautor suicida recita sus últimos versos frente a una audiencia vacía. Grande e inabarcable como para que su verdadera esencia escape a los sentidos de los ignorantes de los detalles. Porque sus luces son también las de tu mirada, los créditos de una película que no puedes asumir que ya se acaba. Así que cuando bajes del cielo detente un momento frente al centelleo de esa lámpara. Mira dentro, ahonda en su alma y sonríe, porque esta noche brilla por ti.

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«Y es así como, una vez obtenida la esencia de su amor, ahora erijo grandes construcciones verbales, y de ese modo en realidad lo traiciono, repitiendo calumnias como quien tiende las sábanas sucias del mundo; y las suyas, las nuestras, durante los dos meses de nuestro amor (así lo creí) sólo fueron lavadas una vez, porque ella era una subterránea solitaria que se pasaba los días abstraída y decidida a llevarlas al lavadero, pero de pronto se descubre que ya es casi de noche y demasiado tarde, y las sábanas ya están grises, hermosas para mí porque así son más suaves. Pero en esta confesión no puedo traicionar las cosas más íntimas, los muslos, lo que los muslos contienen -¿Y entonces por qué escribir?-.» Jack KerouacLos Subterráneos

«Y es así como, una vez obtenida la esencia de su amor, ahora erijo grandes construcciones verbales, y de ese modo en realidad lo traiciono, repitiendo calumnias como quien tiende las sábanas sucias del mundo; y las suyas, las nuestras, durante los dos meses de nuestro amor (así lo creí) sólo fueron lavadas una vez, porque ella era una subterránea solitaria que se pasaba los días abstraída y decidida a llevarlas al lavadero, pero de pronto se descubre que ya es casi de noche y demasiado tarde, y las sábanas ya están grises, hermosas para mí porque así son más suaves. Pero en esta confesión no puedo traicionar las cosas más íntimas, los muslos, lo que los muslos contienen -¿Y entonces por qué escribir?-.»

Jack Kerouac
Los Subterráneos

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Imagina por un momento que la historia que conoces fuera producto de tu imaginación. Imagina que hubieras vivido en verdad ese sueño y que tu vida hubiera brillado al compás de tus deseos. En tal caso los recuerdos estarían construídos de abrazos al estallar los fuegos artificiales en el cielo nocturno, y de inspiraciones al sol del atardecer en el claro de un bosque, y de besos empapados en el sudor de una mañana de verano. Y todo hubiera ocurrido mientras otras personas se esforzaban por tejer un mañana y el camino no estaría regado de sangre, sino de lluvia, pétalos y hojas de periódico impresas con logros y salvación. Por eso no quiero abrir los ojos esta noche, porque ya he visto demasiado. Sólo quiero cerrarlos e imaginar que en verdad tiene sentido que la luna esté iluminando la sonrisa de la memoria.

Imagina por un momento que la historia que conoces fuera producto de tu imaginación. Imagina que hubieras vivido en verdad ese sueño y que tu vida hubiera brillado al compás de tus deseos. En tal caso los recuerdos estarían construídos de abrazos al estallar los fuegos artificiales en el cielo nocturno, y de inspiraciones al sol del atardecer en el claro de un bosque, y de besos empapados en el sudor de una mañana de verano. Y todo hubiera ocurrido mientras otras personas se esforzaban por tejer un mañana y el camino no estaría regado de sangre, sino de lluvia, pétalos y hojas de periódico impresas con logros y salvación. Por eso no quiero abrir los ojos esta noche, porque ya he visto demasiado. Sólo quiero cerrarlos e imaginar que en verdad tiene sentido que la luna esté iluminando la sonrisa de la memoria.

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Ya no sonríes cuando descubres rayos de sol abriéndose paso a través de los ladrillos. Ya no puedes atravesar el espejo así que ahora dibujas espirales con tus dedos sucios.  Ya no rasgas cartulinas de colores mientras sueñas con brazos rodeándote con sigilo. Ya no inspiras los recuerdos de la tela húmeda hecha jirones con tijeras y cuchillos. Ya no sueñas con paisajes desconocidos sino tan solo con las ruinas de tu futuro. Ya no lloras por los días en el campo donde las espigas eran raptadas por el viento. Ya no te acuestas reconfortada por anhelos, proyectos, y sentimientos. Ya no.

Ya no sonríes cuando descubres rayos de sol abriéndose paso a través de los ladrillos.
Ya no puedes atravesar el espejo así que ahora dibujas espirales con tus dedos sucios.
Ya no rasgas cartulinas de colores mientras sueñas con brazos rodeándote con sigilo.
Ya no inspiras los recuerdos de la tela húmeda hecha jirones con tijeras y cuchillos.
Ya no sueñas con paisajes desconocidos sino tan solo con las ruinas de tu futuro.
Ya no lloras por los días en el campo donde las espigas eran raptadas por el viento.

Ya no te acuestas reconfortada por anhelos, proyectos, y sentimientos.

Ya no.

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Estuvimos toda la tarde bebiendo sin parar. Simplemente porque no había otra cosa que pudiéramos hacer. O quizá sí, pero no lo sabíamos. Del tedio pasamos a la desidia; de la euforia a la ira. Primero nos odiábamos entre nosotros, pero acabamos odiándonos a nosotros mismos. Después tiramos las botellas vacías contra un muro y saltamos sobre los cristales rotos. Un abrazo selló el encuentro y como siempre, volví solo a casa caminando. Con cada paso recordé con nostalgia la época en la que el amor existía e incluso podía contemplarse en las miradas. Al entrar en mi habitación me senté frente al ordenador y comencé un nuevo blog al que llamé El Afortunado Inconsciente.  

Estuvimos toda la tarde bebiendo sin parar. Simplemente porque no había otra cosa que pudiéramos hacer. O quizá sí, pero no lo sabíamos. Del tedio pasamos a la desidia; de la euforia a la ira. Primero nos odiábamos entre nosotros, pero acabamos odiándonos a nosotros mismos. Después tiramos las botellas vacías contra un muro y saltamos sobre los cristales rotos. Un abrazo selló el encuentro y como siempre, volví solo a casa caminando. Con cada paso recordé con nostalgia la época en la que el amor existía e incluso podía contemplarse en las miradas. Al entrar en mi habitación me senté frente al ordenador y comencé un nuevo blog al que llamé El Afortunado Inconsciente.  

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De pronto un día, el cristal a través del cual veías nubes componiendo tu propio desconcierto, se quiebra. Y lo que creías que era todo tu mundo se hace jirones delante de ti. En ese momento el cristal se convierte en un difuso panal que refleja mil veces a lo que has quedado reducido. Que es muy poco. Porque la espera se prolonga y merma a cenizas tu esperanza. Así que te acabas planteando si en verdad existe aquello que esperas, o es una mera ilusión que se aleja como un barco sin billete de vuelta. Entonces descubres amargamente a tu más bello recuerdo arañando con furia tus entrañas. Matándote sin que puedas hacer nada para evitarlo. Y te vas.

De pronto un día, el cristal a través del cual veías nubes componiendo tu propio desconcierto, se quiebra. Y lo que creías que era todo tu mundo se hace jirones delante de ti. En ese momento el cristal se convierte en un difuso panal que refleja mil veces a lo que has quedado reducido. Que es muy poco. Porque la espera se prolonga y merma a cenizas tu esperanza. Así que te acabas planteando si en verdad existe aquello que esperas, o es una mera ilusión que se aleja como un barco sin billete de vuelta. Entonces descubres amargamente a tu más bello recuerdo arañando con furia tus entrañas. Matándote sin que puedas hacer nada para evitarlo. Y te vas.

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Lo bueno de que el agua sea así de cristalina es que nos podemos mirar a los ojos mientras nos ahogamos. 

Lo bueno de que el agua sea así de cristalina es que nos podemos mirar a los ojos mientras nos ahogamos. 

5 notes

Fue un sueño que duró varios veranos, salpicado por cegadores contraluces que caldeaban el espíritu, que olía a la sal del mar, a pinos que bailan al borde del acantilado, a soplos de aire de enebro, a trigo zarandeado por el paso del tiempo, que sabía a sudor, savia y lágrimas vertidas en charcos sobre el asfalto, fue un sueño de esos de los que despiertas bañado en tu propia alma, sobresaltado y en calma, cegado por la luz de un sol nublado, añorando el sueño arrancado de tus entrañas.

Fue un sueño que duró varios veranos, salpicado por cegadores contraluces que caldeaban el espíritu, que olía a la sal del mar, a pinos que bailan al borde del acantilado, a soplos de aire de enebro, a trigo zarandeado por el paso del tiempo, que sabía a sudor, savia y lágrimas vertidas en charcos sobre el asfalto, fue un sueño de esos de los que despiertas bañado en tu propia alma, sobresaltado y en calma, cegado por la luz de un sol nublado, añorando el sueño arrancado de tus entrañas.

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El mar está en calma y ya no tiembla la palma de mi mano al tapar el horizonte. Mi alma es un monte yendo a ver a Mahoma para preguntarle si puso él la bomba que dejó al niño en coma. Futuro incierto como la ballena que atraviesa el desierto inundado de pena. Yo soy el viento, el chapoteo perfecto, el lagarto travieso que venera insolente ese arriesgado contoneo. Un verano soleado se intuye entre unos brazos salados y brillantes. Un atardecer incendiado prende esa mirada, tan distante y desbocada. Y yo me sumerjo ajeno a la corriente como el viejo demente cuya vida le pesa incluso más que la muerte.

El mar está en calma y ya no tiembla la palma de mi mano al tapar el horizonte. Mi alma es un monte yendo a ver a Mahoma para preguntarle si puso él la bomba que dejó al niño en coma. Futuro incierto como la ballena que atraviesa el desierto inundado de pena. Yo soy el viento, el chapoteo perfecto, el lagarto travieso que venera insolente ese arriesgado contoneo. Un verano soleado se intuye entre unos brazos salados y brillantes. Un atardecer incendiado prende esa mirada, tan distante y desbocada. Y yo me sumerjo ajeno a la corriente como el viejo demente cuya vida le pesa incluso más que la muerte.